Club obrero Rusakov
Клуб имени И. В. Русакова
Konstantín Mélnikov proyecta para los trabajadores municipales de Moscú un club que se abre a la calle
Club del Sindicato de Trabajadores Municipales de Moscú, construido entre 1927 y 1929 en la calle Stromynka según el proyecto de Konstantín Mélnikov y dedicado al militante bolchevique Iván Rusakov. Tres volúmenes en voladizo de hormigón armado sobresalen hacia la calle y alojan las gradas de un auditorio que, con tabiques móviles, podía transformarse para acoger desde 250 personas hasta más de mil. Es una de las obras más conocidas de la arquitectura soviética de vanguardia y está protegida como patrimonio cultural desde 1987.
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El Club Rusakov se reconoce desde la calle por tres enormes volúmenes de hormigón armado que sobresalen en voladizo sobre la acera. No son adornos. Dentro de cada uno se aloja un tramo de las gradas del auditorio, de modo que la forma exterior del edificio es la huella directa de su uso principal: reunir a mucha gente para ver, escuchar y discutir. Konstantín Mélnikov lo proyectó para el Sindicato de Trabajadores Municipales de Moscú, y se construyó entre 1927 y 1929 en la calle Stromynka.
El club obrero fue uno de los grandes programas arquitectónicos de la primera década soviética. No era un teatro ni una sala de fiestas, sino un lugar de vida colectiva fuera del trabajo: asambleas, representaciones, cine, conferencias, círculos de estudio. Mélnikov contribuyó como pocos a definir ese tipo de edificio, y el principio que guía el proyecto del Rusakov es que la actividad del club debía desarrollarse a la vista de todos, de forma completamente abierta. El edificio no esconde al público: lo proyecta hacia la ciudad.
La planta es triangular y el auditorio se divide en tres sectores, uno por cada voladizo. Con un sistema de tabiques móviles diseñado por el ingeniero N. I. Gubin, las gradas podían separarse del espacio central y el club podía funcionar como varias salas simultáneas o como una sola. Las fuentes no coinciden en las cifras: unas hablan de un aforo variable entre 250 y 1.300 personas; otras, entre 250 y 1.500. En cualquier caso, la idea era la misma: un edificio que se adapta a la escala de cada actividad colectiva en lugar de imponer una sola forma de uso.
El club lleva el nombre de Iván Rusakov, militante bolchevique. La dedicatoria es parte del programa: el sindicato no bautizó su casa con el nombre de un mecenas o de una marca, sino con el de un trabajador revolucionario. Los testeros de las gradas, visibles desde la calle, llevaban consignas pintadas, de modo que la fachada funcionaba también como soporte de agitación.
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