Un archivo vivo, no un mausoleo
La cultura creada por quienes imaginaron que el mundo podía organizarse de otra manera: cine, literatura, pintura, fotografía, música, teatro, arquitectura, animación, carteles, diseño, ilustración y cultura material.
Maqueta del Monumento a la III Internacional, V. Tatlin · Petrogrado, 1920 · Dominio público
01 · El archivo
ACERO es un archivo vivo de la cultura creada por quienes construyeron el futuro del mundo. Reunimos cine, literatura, pintura, fotografía, música, teatro, arquitectura, animación, carteles, diseño, ilustración y cultura material producidos en los países socialistas y en aquellos movimientos que, desde otros lugares del mundo, hicieron del comunismo, la revolución, el antifascismo, el antiimperialismo y la emancipación humana parte de su horizonte. No queremos construir un mausoleo ni una colección de curiosidades de un siglo terminado, sino recuperar un patrimonio que todavía puede ser leído, escuchado, visto y discutido en presente.
02 · El segundo olvido
Una cultura desaparece dos veces: primero cuando desaparecen las condiciones sociales que la hicieron posible y, después, cuando dejamos de mirarla, estudiarla y transmitirla. Contra ese segundo olvido nace ACERO. Durante décadas, una parte inmensa de la producción cultural socialista ha llegado hasta nosotros fragmentada, descontextualizada o interpretada casi exclusivamente desde la derrota política de los proyectos que la produjeron. Películas reducidas a propaganda, edificios convertidos en ruinas exóticas, carteles separados de las luchas que los hicieron necesarios, canciones sin traducción, libros agotados, fotografías sin nombres y obras reproducidas miles de veces en internet sin explicar quién las hizo, para quién, en qué condiciones o con qué propósito. Nuestro trabajo consiste precisamente en devolverles esa historia.
Contra ese segundo olvido nace ACERO.
03 · Nunca fue una sola cosa
La cultura socialista nunca fue una sola cosa ni nació terminada. Antes del realismo socialista estuvieron las vanguardias revolucionarias, el Proletkult, el constructivismo, el productivismo, el fotomontaje, el cine de montaje y la voluntad de borrar las fronteras entre arte, trabajo y vida cotidiana. Después llegaron nuevas discusiones sobre realismo, monumentalidad, tradición, cultura popular, técnica, educación y representación. Cada experiencia socialista produjo sus propias respuestas y sus propias tensiones: Moscú no fue Berlín, Berlín no fue La Habana, La Habana no fue Pekín y Pekín no fue Hanói, Tirana, Varsovia, Praga o Belgrado. Por eso ACERO no pretende reducir más de un siglo de cultura a una estética única, sino mostrar la diversidad de caminos que se abrieron alrededor de una misma pregunta: cómo podía una sociedad nueva producir también nuevas formas de mirar, narrar, construir, escuchar y vivir.
04 · La gran obra y el objeto cotidiano
Nos interesa tanto la gran obra como el objeto cotidiano. Una película de Eisenstein puede convivir aquí con una cámara soviética, una insignia de una brigada juvenil yugoslava, una porcelana revolucionaria, una canción vietnamita, un cartel cubano o una vivienda colectiva de la RDA. El socialismo no produjo solamente cuadros, novelas o películas; produjo también ciudades, escuelas, clubes obreros, viviendas, radios, juguetes, vajillas, revistas, muebles, discos, motocicletas, estaciones de metro y objetos pensados para entrar en la vida de millones de personas. Esa cultura material permite comprender algo que una historia exclusivamente política difícilmente puede mostrar: la manera en que estos proyectos intentaron intervenir sobre la experiencia diaria y dar una forma concreta, visible y habitable a sus aspiraciones.
05 · Contra la imagen sin contexto
ACERO no quiere acumular imágenes sin contexto. Cada obra debe funcionar como una puerta de entrada a un mundo más amplio: quién la creó, en qué circunstancias, para qué público, qué institución la produjo, qué debates estéticos la atravesaron, cómo circuló, cómo fue recibida, con qué otras obras se relaciona y dónde puede encontrarse hoy. Por eso trabajamos con filmotecas, archivos nacionales, museos, bibliotecas, fonotecas, hemerotecas, editoriales históricas y colecciones digitalizadas de distintos países, conservando siempre que es posible los títulos originales, las lenguas, los créditos y las fuentes. No aspiramos a sustituir esos archivos, sino a conectarlos y hacerlos navegables desde una perspectiva común.
06 · Recorridos
Queremos que ACERO pueda recorrerse por países, periodos, disciplinas y autores, pero también a través de experiencias compartidas como el trabajo, la infancia, la vivienda, la educación, la emancipación de las mujeres, la industrialización, la ciencia, el antifascismo, la revolución, el internacionalismo, el ocio, el deporte, la ciudad o la conquista del espacio. Una fotografía puede conducir a una canción, una película a una novela, un cartel a una huelga, una estación de metro a una discusión sobre arquitectura o una obra china a una experiencia semejante desarrollada décadas después en Cuba o Vietnam. El objetivo no es reunir objetos aislados, sino reconstruir las relaciones que permiten comprenderlos como parte de una historia cultural mucho más amplia.
No aspiramos a sustituir esos archivos, sino a conectarlos y hacerlos navegables desde una perspectiva común.
07 · Una investigación permanente
Sabemos además que este archivo nunca estará terminado. Durante más de un siglo se produjeron millones de fotografías, libros, películas, canciones, carteles, edificios y objetos, y una parte importante de ellos sigue sin digitalizar, permanece dispersa en archivos locales o sobrevive en publicaciones difíciles de localizar. Muchas obras siguen sin traducción y otras esperan todavía una investigación capaz de devolverles nombres, fechas y contextos. Por eso entendemos ACERO como una investigación permanente: cada obra añadida abre nuevas preguntas, cada archivo conduce a otros archivos y cada traducción permite entrar en una tradición que antes permanecía inaccesible.
08 · El nombre
El nombre tampoco es accidental. El acero no nace terminado: se funde, se mezcla, se golpea, se lamina y se templa hasta adquirir resistencia. Algo parecido ocurre con la cultura. Las obras reunidas aquí nacieron dentro de sociedades atravesadas por enormes transformaciones, contradicciones, victorias, derrotas y esperanzas. No queremos convertirlas en reliquias intocables ni contemplarlas únicamente desde la comodidad de quien conoce el desenlace de la historia. Queremos volver a ponerlas en circulación, leerlas de nuevo, escucharlas, discutirlas y comprender qué futuro intentaban hacer imaginable.
ACERO conserva el pasado porque todavía contiene preguntas sobre el futuro.
«Clava a los blancos con la cuña roja», El Lissitzky · Vítebsk, 1919-1920 · Dominio público