Intervenciones en el Foro de Yenán sobre arte y literatura
在延安文艺座谈会上的讲话
Mao Zedong pregunta para quién se escribe, se pinta y se canta
En mayo de 1942, en plena guerra contra la ocupación japonesa, Mao Zedong reunió en Yenán a más de cien escritores, artistas, periodistas y gente de teatro y cine. Sus dos intervenciones, la introducción del 2 de mayo y las conclusiones del 23, plantean a quién debe servir el arte revolucionario, cómo combinar popularización y elevación de la calidad, y qué relación hay entre criterio político y criterio artístico. El texto se publicó por primera vez el 19 de octubre de 1943 y orientó durante décadas la política cultural china.
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Contexto
Las Intervenciones en el Foro de Yenán son un texto de trabajo, no un tratado de estética. Mao las pronunció ante gente que escribía, pintaba, hacía teatro o dirigía periódicos en la base roja de Yenán, en el quinto año de la guerra de resistencia contra Japón. La pregunta que las atraviesa es práctica: qué tiene que hacer un artista revolucionario cuando su público real son campesinos que no saben leer, soldados y obreros de una región pobre y asediada.
El foro comenzó a la una y media de la tarde del 2 de mayo de 1942 y se prolongó tres semanas, con sesiones plenarias el 2, el 16 y el 23 de mayo. Se enviaron más de cien invitaciones a editores, investigadores, periodistas, cineastas, fotógrafos, trabajadores del teatro y poetas. No fue una reunión sin conflicto. En las semanas anteriores varios escritores habían publicado en el diario del Partido, Jiefang Ribao, ensayos que discutían si la literatura debía exaltar la vida de la base o exponer sus zonas oscuras. El foro se celebró además en medio del movimiento de rectificación, la campaña de estudio y crítica con la que el Partido buscaba unificar su línea.
Mao responde colocando la cuestión en su raíz: «La cuestión de a quién deben servir el arte y la literatura es una cuestión fundamental, una cuestión de principio». Las amplias masas del pueblo chino, dice, son los obreros, los campesinos, los soldados y la pequeña burguesía urbana. Un escritor que procede de la ciudad y de la cultura letrada no puede limitarse a hablar de ellos; tiene que conocer su lengua, su vida y sus formas de expresión, y aprender de ellas. De ahí se deriva todo lo demás.
La segunda idea fuerte es la relación entre popularización y elevación. En una región donde la mayoría no había tenido acceso a la cultura escrita, la tarea más apremiante era hacer llegar obras comprensibles. Pero Mao rechaza la oposición mecánica: la popularización y la elevación no pueden separarse tajantemente, porque la calidad debe crecer a partir de la base popular y volver a ella. No se trata de rebajar el arte, sino de cambiar su punto de partida.