Historias de la Revolución
El ICAIC filma la lucha contra Batista cuando la victoria aún es reciente
En 1960 Tomás Gutiérrez Alea convirtió la lucha contra Batista en tres relatos de clandestinidad, guerrilla y combate. Fue el primer largometraje de ficción del ICAIC: una revolución reciente empezaba a crear sus propios medios para narrarse y discutir cómo había llegado al poder.

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Contexto
Historias de la Revolución llegó a las salas cubanas en 1960. Había pasado menos de dos años desde la caída de Batista. Quienes la veían podían reconocer lugares, gestos y decisiones de una lucha todavía próxima; quienes la hicieron estaban levantando al mismo tiempo una nueva institución cinematográfica. El ICAIC, creado en marzo de 1959, quería producir películas y ampliar el acceso a ellas. Esta fue su primera ficción larga. La revolución empezaba a disputarle al viejo orden también las imágenes con que se contaba la historia del país.
Tomás Gutiérrez Alea organiza el filme en El herido, Rebeldes y La batalla de Santa Clara. Los episodios pasan por la clandestinidad urbana, la guerrilla y el combate final de la insurrección. La elección importa: el proceso no aparece reducido a una biografía. Lo sostienen personas que esconden a un compañero, toman riesgos, discuten y actúan juntas. El relato presenta la victoria como resultado de trabajos distintos que se encuentran, no como un desenlace que hubiera estado asegurado desde el principio.
Gutiérrez Alea se había formado en Roma y conocía el neorrealismo italiano. Esa experiencia se nota en la atención a calles, rostros y situaciones corrientes, pero la película responde a un problema cubano: cómo poner la cámara cerca de una revolución que acababa de vivirse. Su forma tiene todavía algo de búsqueda. La proximidad de los hechos le da energía y a la vez dificulta tomar distancia. Esa tensión ayuda a entender los primeros pasos del ICAIC mejor que la idea de un lenguaje revolucionario ya terminado.
Después llegarían otros cineastas, el Noticiero ICAIC Latinoamericano, los carteles y nuevas maneras de discutir la sociedad desde la pantalla. Aquí puede verse el punto de partida material de ese trabajo: profesionales, estudios, exhibición y público reunidos alrededor de una historia que hasta entonces habían contado los vencedores de otro régimen. La película no habla de la revolución desde una posteridad tranquila. Participa en la tarea de darle forma mientras esta seguía activa.



