Mar de sangre
피바다
La ópera revolucionaria coreana que convirtió la guerrilla antijaponesa en teatro de masas
Ópera revolucionaria estrenada el 17 de julio de 1971 en el Gran Teatro de Pyongyang por la compañía que tomó su nombre, la Compañía de Ópera Pibada. Cuenta cómo una mujer que presencia las matanzas de la ocupación japonesa contra el pueblo coreano toma conciencia y se une a la lucha revolucionaria. La tradición oficial la presenta como adaptación de una obra de teatro escrita en Manchuria durante la guerrilla antijaponesa de los años treinta y atribuida a Kim Il-sung. Es la primera de las llamadas cinco grandes óperas revolucionarias y la pieza más representada de la escena norcoreana.

Contexto
Mar de sangre cuenta la toma de conciencia de una mujer común. Ante las matanzas que la ocupación japonesa comete contra la población coreana, la protagonista pasa del dolor a la comprensión y de la comprensión a la lucha revolucionaria. El título nombra la violencia colonial, pero el movimiento de la obra va en sentido contrario: del mar de sangre al levantamiento del pueblo.
La ópera se estrenó el 17 de julio de 1971 en el Gran Teatro de Pyongyang, con Kim Il Sung en la sala. Ese mismo día, Kim Jong Il habló a sus creadores de un «nuevo tipo» de ópera propia y reconoció que parte de la letra y de la música se había corregido hasta la víspera. La compañía que la creó adoptó su nombre, Compañía de Ópera Pibada, y la obra se ha convertido en la pieza más representada de la escena de la República Popular Democrática de Corea: en 2011, al cumplirse cuarenta años del estreno, se contaban más de 1.600 funciones. La tradición oficial la presenta como adaptación de una obra de teatro, Mar de sangre, escrita en los años treinta en Manchuria durante la guerrilla antijaponesa y atribuida a Kim Il-sung. Existe además una versión cinematográfica en blanco y negro dirigida por Choe Ik-gyu.
Su importancia está en la forma. Mar de sangre fijó el modelo de la ópera revolucionaria coreana, que se apartó de la ópera europea. El día del estreno se subrayaron sus rasgos: se había suprimido el recitativo, el libreto se había dividido en estrofas y se habían introducido el pangchang, la danza y escenas que fluyen unas en otras en un escenario tridimensional. Las canciones estróficas, llamadas jeolga, repiten una melodía sencilla en cada estrofa; el pangchang es un canto situado fuera del escenario que explica la situación al público mientras la acción avanza.
Esas decisiones responden a un mismo objetivo, formulado entonces sin rodeos: que el público entendiera la música con facilidad y pudiera cantarla por sí mismo. Una melodía que se repite se aprende y sale del teatro; una voz que explica desde fuera de la escena convierte la experiencia individual de la protagonista en relato colectivo. Es una respuesta coreana a la pregunta que el movimiento comunista internacional se hizo desde los años veinte: cómo crear un arte monumental que no quede reservado a una minoría educada.