Mueda, memoria y masacre
Mueda, Memória e Massacre
Un pueblo mozambiqueño representa cada año la masacre colonial de 1960 y Ruy Guerra lo filma
El 16 de junio de 1960 la administración colonial portuguesa de Mueda, en el norte de Mozambique, reprimió a tiros una manifestación pacífica. Desde 1976, ya con el país independiente, los habitantes de Mueda representan cada año la masacre en la plaza del pueblo, frente al antiguo edificio de la administración, con una pieza de Calisto dos Lagos. Ruy Guerra, invitado por el Instituto Nacional de Cine, filmó esa representación y la combinó con testimonios de supervivientes. Se considera el primer largometraje de ficción mozambicano.

Contexto
Mueda, memoria y masacre no reconstruye un episodio histórico con actores profesionales y decorados. Filma a un pueblo que ya lo estaba reconstruyendo por su cuenta. Desde junio de 1976, un año después de la independencia, los habitantes de Mueda representaban cada año en la plaza del pueblo, delante del edificio de la antigua administración colonial, la masacre del 16 de junio de 1960. La pieza era de Calisto dos Lagos, que también se ocupó de la dirección dramática de la película. Ruy Guerra, cineasta nacido en Mozambique que había pasado treinta años en Brasil y se había convertido en una figura del Cinema Novo, volvió en 1978 invitado por el Instituto Nacional de Cine para filmarla.
El hecho representado es la matanza con la que la administración portuguesa respondió a una manifestación pacífica en Mueda. El número de muertos sigue siendo objeto de disputa: las autoridades coloniales reconocieron 14 víctimas; el Frente de Liberación de Mozambique habló de más de seiscientas. La diferencia no es un detalle estadístico. Es el tipo de verdad que un poder colonial nunca documenta y que solo los colonizados pueden reclamar.
La película trabaja sobre tres capas: la representación teatral, un teatro popular y colectivo hecho por la propia gente de Mueda; los testimonios de supervivientes de la matanza; y las imágenes del Mozambique independiente en construcción. Guerra no oculta el dispositivo. El espectador sabe que asiste a una representación, y esa conciencia forma parte del sentido: la memoria no aparece como recuerdo espontáneo, sino como trabajo político organizado por una comunidad.
Quienes la presentan hoy hablan de un teatro político de tono absurdo, y esa es quizá su mayor audacia. El aparato colonial no se muestra con la solemnidad del poder, sino desmontado y exhibido en la plaza por quienes lo sufrieron, que ahora deciden cómo contarlo. La película habla makonde y portugués, las dos lenguas de ese enfrentamiento. Aunque se la considera el primer largometraje de ficción mozambicano, lo que filma no es una ficción inventada, sino una representación real que el pueblo de Mueda repetía cada año.